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Hace algunos días viví una desagradable experiencia con un cliente “toxico” que me llevo a replantear la selección de los clientes y los procesos en si a llevar.

Siendo reflexiva, con ese cliente desde que lo conocí no sentí empatía o química como popularmente se llama, hemos escuchado que se siente con la pareja, amigos y hasta familiares; pero hoy tengo que decir que hasta con los clientes de acuerdo con nuestra profesión u oficio también debe existir.

Al Señor lo conocí por intermedio de otro Colega que al principio me pidió una opinión jurídica pagada sobre el caso y luego me involucro al 100%, el proceso en si era bueno y siendo sincera al cliente “toxico” la contraparte si había faltado en la verdad del caso en concreto.

Yo en mi estudio evidencie dos panoramas; el primero que la parte demandante había faltado con parte de la verdad del negocio jurídico inicial y que eso perjudicaba al ex cliente, pero también evidencie que el cliente “toxico” era de los que decía que su verdad era ley y no se permitía otros panoramas diferentes a los que el arrogantemente se creía. Empecemos por contar que el proceso era un ejecutivo y de cuantía alta, que su origen era un contrato de compraventa y que el pago de parte del negocio lo respaldo en una hipoteca y pagare, no pago a tiempo y el vendedor inicio el proceso ejecutivo, donde el demandado o cliente “toxico” fue contestar la demanda creyéndose abogado y una hermana sumisa le firmaba. Ese fue el primer error, no ejerció idóneamente su defensa, porque si Yo evidencie errores en el proceso y sentencia, otro abogado diligente y debidamente retribuido en sus honorarios lo podía haber notado y jurídicamente atacarlo. ¿Porque saque esta conclusión? porque un día en una reunión con el cliente “toxico” me dijo términos que solo un abogado debe saber, porque la contestación de la demanda en sus excepciones fue en latín y ese lenguaje un abogado ya no lo maneja y porque cuando lo confronte se quedo callado.

Dentro de la actividad profesional que desarrolle a su nombre logre que la contraparte (demandante) nos invitara a negociar la deuda y literalmente el cliente nunca llegó a la reunión, ahí deduje nuevamente que estaba frente a un cliente difícil, irrespetuoso y que no quería pagar.

Autor.
Indira Gisela Jaramillo Barrera
Abogada.

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